
Si alguno tiene sed, venga a mí
En el miércoles en casa leímos Juan 7:37-38. Jesús sigue invitando a quien está vacío a venir y beber de él.
El miércoles nos detuvimos en una invitación que Jesús hizo en el último y gran día de la fiesta: «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, de su interior correrán ríos de agua viva» (Juan 7:37-38).
Esa sed no es solo de agua. Es el cansancio, el vacío y la búsqueda de sentido que a veces intentamos llenar con personas, planes o nuestras propias fuerzas. Jesús fue claro: la fuente verdadera está en él. El agua viva es el Espíritu Santo, que llena y da vida abundante.
Quien compartió la palabra contó que había llegado bajoneado, y que este versículo le fue un bálsamo. En medio de la tristeza, el Señor recuerda que ama, que se puede confiar en él y que no hace falta resolverlo todo solo.
También recibimos a Joana y a Fabricio, que llegaron por primera vez. Si tú también tienes sed, la invitación sigue en pie: ven, bebe, y deja que de tu vida corra vida para otros.

